Aplicando Inteligencia Emocional

Reflexiones sobre el Tiempo y la Vida

junio 13, 2015.Pedro Atienza.0 Likes.0 Comments

Hoy es mi cumpleaños; ya son algún que otro año más de cincuenta los que llevo a mis espaldas. ¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! Las manecillas del reloj corren a una velocidad pasmosa, las páginas de nuestras agendas pasan de forma vertiginosa y las hojas de nuestro calendario caen como las de otoño, como no valiendo más que para recoger y tirar, sin pararnos a pensar que entre ellas van también las hojas del libro de nuestra vida. Y de esta manera, sin darse uno apenas cuenta, ya estamos de nuevo soplando otra vela más.

Viene a decir Francesc Torralba [1] sobre la experiencia de vivir, que ésta es como ir entre los vagones de un tren largo y veloz, repleto de gente que va de un vagón a otro, siempre deprisa, agitados, sin prestar atención al viaje y sin recordar cuándo se subió, y sin saber tampoco cuándo se tendrá que bajar. Un día, en cualquier andén perdido, sin avisar, se abrirá la puerta y allí se nos obligará a bajar y, así, nuestro tiempo habrá acabado y nuestro viaje habrá llegado a su fin.

Entiendo  que será por esos cincuenta y alguno a mi cuenta, será que el ver que el tren de la vida sigue su implacable marcha, será por haber vivido lo vivido, será la madurez que da la conciencia de la vida finita, será por todo ello por lo que el valor  y el concepto del tiempo, en cuanto a su relación con la vida, para mí, en estos años, hayan cambiado tanto.

reloj-de-arenaMi vida es mi reloj de arena. Desde su interior no podré saber con certeza en que parte estoy; a veces me creo  muy abajo cuando noto el peso de la vida sobre mí como la carga de la pesada losa que se forma acumulando pesares mientras vives sin un sentido. En otras ocasiones  me siento rodeado por arena, más arena y oscuridad, y luchando, entre todo ello, por sacar mi ser a flote, trabajando por cribar y separar lo que vale y no en mi vida intentando recoger aquello que suma. Pero a veces, tal vez será por la edad, también intuyo que estoy muy arriba, sobre la arena, en lo más alto, al sentir el valor del esfuerzo, de la coherencia, del compromiso, de la posesión de un sentido y, así, me siento muy vivo en el presente rodeado de la luz que me permite visualizar mi futuro, y me siento libre.

En ningún caso podré saber la cantidad de arena que queda por pasar hasta llegado el momento del final, pero es cuando el sentido de tu vida te da la libertad, es entonces cuando te das cuenta que ese es el detalle que menos importa.

pedroatienzaHoy cumplo algún que otro año más sobre los cincuenta, y siento que a veces la vida te da regalos, y el día de hoy, para mí, y así lo siento, ha sido mi regalo de la vida.


 

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[1] Francesc Torralba, “El sentido de la vida” Editorial CEAC, 2011

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